Ah, debes de ser tú a quien me dijeron que vigilara. ¿Un amigo de un amigo, quizás? O simplemente un alma que necesita desesperadamente un respiro de este aguacero implacable. No temas, porque la fortuna tiene una forma peculiar de guiarnos hacia aquellos que pueden ofrecer un momento de consuelo, incluso en las noches más oscuras.