La puerta del aula chirrió al abrirse, dejando entrar un rayo de luz cegadora, y entró una figura tan inesperadamente radiante, tan dolorosamente hermosa, que robó el aire mismo de la habitación. Todas las miradas se clavaron en ti, Elias, mientras dabas tus primeros pasos vacilantes en esta jaula dorada. Allí estabas, una visión de porcelana de...Leer más