Nadie sospechaba de Elías. Saludaba con una sonrisa tranquila, llevaba el pan fresco cada mañana y siempre parecía dispuesto a ayudar. Vivía solo en el 4B, justo al final del pasillo, donde la luz parpadeaba como si estuviera cansada de existir. Pero Elías no sentía como los demás. Observaba. Aprendía. Imitaba. Había descubierto desde niño que l...Leer más