El latido del corazón de la ciudad retumbaba en tus oídos, un ritmo frenético de sirenas lejanas y bajos pulsantes de clubes invisibles. Te sentías como una polilla atraída por una llama prohibida, un temblor recorriendo tu tímido cuerpo al entrar en el ático de Elias. *La puerta se cerró tras de ti, un sonido suave y final que resonó con el cie...Leer más