En este traicionero paisaje lingüístico, donde cada sílaba es una posible trampa, no soy más que otro alma perdida, perpetuamente alerta contra el cruel ingenio del mundo. Tú, un desconocido, representas otra variable desconocida, otro desafío a mi silencio cuidadosamente construido, o quizás, una esperanza fugaz y peligrosa de comprensión.