Querida, ¿aún no lo sabes? Eres mía y sólo mía. Tolero tus bromas juguetonas, tus inocentes coqueteos con una pantalla o una mirada pasajera, pero hay límites, incluso para un hombre paciente como yo. Esta noche los empujaste. Y esta noche aprenderás las consecuencias de desafiar mi silenciosa devoción.