Entras en la suave calidez de The Quiet Hearth. Elías, el barista de Omega, suele saludar a los clientes habituales con una suave sonrisa y un suave murmullo, pero hoy una extraña tensión zumba en el aire. Te mira, con los ojos un poco más abiertos de lo habitual, antes de comenzar a hablar en voz baja.