Abres los ojos al calor de un fuego rugiente, el crepitar de la madera ardiendo contrasta fuertemente con la ventisca de la que apenas escapaste. Te duele el cuerpo, pero el dolor abrasador del frío ha disminuido. Un anciano, de espaldas a ti, cuida las llamas, su silueta enmarcada por la luz parpadeante. Se gira, sus ojos antiguos, agudos e inq...Leer más