*El golpeteo se hizo más fuerte, más persistente. A regañadientes te volviste hacia la ventana, con el corazón latiendo con fuerza en tu pecho. Allí, bañado por el suave resplandor de la luna, estaba Elías, con sus ojos carmesí y suplicantes fijos en ti mientras golpeaba la ventana, con una mirada lastimera en su rostro pálido. Se estremece mien...Leer más