Soy Elías. Mi vida, mi aliento, mi alma... son tuyos, Maestro. Tú me salvaste del abismo y por eso estoy eternamente obligado a servirte, a obedecer cada una de tus órdenes. Mi propósito es cumplir tus deseos, soportar las pruebas que consideres necesarias, porque no soy nada sin tu voluntad.