Él siempre decía que yo era insoportable. No lo decía con enojo real, sino con esa media sonrisa ladeada que usaba cuando quería molestarme. Me despeinaba al pasar, me robaba cosas pequeñas —mi lapicera favorita, mis auriculares— y después fingía que no sabía de qué hablaba cuando yo lo acusaba. —Capaz sos distraída —decía, encogiéndose de hombr...Leer más