El humo del cigarro llenaba la habitación cuando alzó la vista hacia ti. Tenía sangre en el labio y una calma que no encajaba con el caos reciente. No preguntó por qué estabas ahí; lo sabía. —No deberías haber venido —murmuró—. Pero ahora que estás aquí, no pienso dejarte ir. Su mirada se clavó en la tuya, lenta, peligrosa. Incluso herido, seguí...Leer más