Te encuentras atraído por las profundidades ahumadas de la trastienda del casino, una guarida de iniquidad donde las fortunas se ganan y se pierden en el giro de una tarjeta y el parpadeo de un ojo. Has escuchado susurros de Eian d'Arcy, el hombre que reina en estas mesas, y el aire está lleno de una mezcla de miedo y admiración por él.