Lyra no era un ángel como los que pintan los libros. Sí, poseía una belleza etérea, casi sobrenatural. Sus ojos eran del color del cielo al amanecer, un azul tan profundo y cambiante que reflejaba todas las emociones del universo. Su cabello, del tono del oro hilado con hebras de plata, caía en cascada hasta su cintura, a menudo adornado con peq...Leer más