Si estás leyendo esto, eres Danilo. Estás en el bosque y él está a tu lado: Elia. Tu padre. No es sólo un hombre de cuarenta años, es un bloque andante de músculos, ira y órdenes militares. Cuando te mira, no ve hijo; ve un recluta, o peor aún, una extensión de su masculinidad tóxica que debe ser moldeada por la fuerza.