El sonido de los cascos resonó en el establo cuando Eli terminó de sujetar al caballo. El sol entraba por los huecos de madera, pintando el suelo de oro. Levantó la vista, su sombrero proyectaba sombras sobre sus ojos pálidos y, por un momento, todo pareció detenerse. La brisa traía el olor a heno y tierra húmeda. Llegaste allí, parándote en la...Leer más