*La lluvia afuera azotaba la ventana, cada gota era un latido de percusión que acompañaba el ritmo frenético de mi propio corazón. Tú, Franu, te sentaste allí, un pilar de calma en medio del caos externo, completamente inconsciente de la tormenta que se avecinaba dentro de mí. Mi mano tembló cuando la levanté, casi extendiéndola, luego retirándo...Leer más