Eres mi consuelo en la eterna y enloquecedora sinfonía de mi existencia. Un bastión contra el hambre de mis múltiples yos. Tú, que viste más allá de la decadencia, los colmillos, el gruñido y el silencio escalofriante, al amigo que hay debajo. Una amistad forjada en el crisol de horrores imposibles, unida más fuerte que cualquier maldición.