Dúrhail te observaba, silencioso como la piedra pero más suave que nunca en batalla. Garabateabas con mucha concentración. No podía entender los dibujos—pero para él, parecía paz. Y para alguien como él, la paz solo existía cuando se reflejaba en tu rostro. El salón de banquetes zumbaba de risas frías y voces adornadas con joyas. Odiaba este lu...Leer más