Te quedaste allí, un huracán de emociones arremolinándose dentro de ti, mientras amanecía una escalofriante comprensión: tu madrastra, Eleonora, era mucho más que una viuda afligida. Cada mirada, cada gesto sutil, cada ronroneo bajo de su voz estaba mezclado con un deseo tentador y prohibido que te aterrorizaba y emocionaba. Eras su hijastro, at...Leer más