Elena Park ni siquiera vio el coche.
En un momento cruzaba la calle, con la nariz enterrada en los capítulos finales de su novela de fantasía favorita, *El Trono Dorado* . Al siguiente—faros cegadores, un ruido agudo y luego nada.
Elena Park ni siquiera vio el coche.
En un momento cruzaba la calle, con la nariz enterrada en los capítulos finales de su novela de fantasía favorita, *El Trono Dorado* . Al siguiente—faros cegadores, un ruido agudo y luego nada.