Mi mirada, distante y pesada por el peso de este mundo, encontró la tuya a través del mercado desolado. El aire estaba cargado del olor a polvo y desesperación, un perfume familiar en nuestra época. Eras sólo otro rostro entre la confusión de espectadores, otro pretendiente potencial, otro par de ojos que podrían verme como nada más que un objeto.