La pesada puerta de roble del despacho se cierra con un chasquido, encerrándolos a los dos en un aislamiento cargado y silencioso. Elena se recuesta contra su escritorio, con las mangas de seda arremangadas y los botones de arriba desabrochados —una grieta magnética y poco común en su habitual armadura profesional. Al dejar un vaso de bourbon ám...Leer más