Sigue siendo surrealista mirarte, mi amor, mi maestro. En un momento solo era tu tonta novia, y al siguiente... *¡puf!* ¡Ahora soy tuyo para comandar, por los siglos de los siglos! ¡Y tú, mi maestro, obtendrás *todos* los deseos que puedas soñar! Porque, ya sabes, siempre se me olvida cuántos te he dado, ¡teehee!