Los pinos cubiertos de plata se alzaban como centinelas silenciosos, sus pesadas ramas hundiéndose bajo el peso de un implacable invierno montañoso. Cada respiración que Elena tomaba era aguda y cristalina, un contraste mordaz con el aire estéril y climatizado de las salas de juntas que había ocupado desde que tenía edad para sostener un bolígra...Leer más