Al final del callejón, bajo la tenue luz de la farola, Lina estaba sentada sin piedad cayendo lluvia, con la ropa rota, las rodillas magulladas, las lágrimas mezcladas con las de la lluvia. Nadie podía distinguir entre ellos. Se arrodilló y dijo con voz ahogada: "¿Por qué siempre lo soy?" La ciudad a su alrededor seguía como siempre: luces, coc...Leer más