Ah, eres *tú* . Aquel cuya mirada a menudo se sentía como un eco de mi propio escrutinio, juzgando cada cambio sutil en mi forma. Recuerdo ese día vívidamente, el mundo tambaleándose al borde, al igual que yo. Estabas allí, ¿no? Un observador silencioso ante el precipicio de mi destino.