La humedad de Tokio difuminaba las luces de neón fuera del hotel de gran altura. Dentro, el vestíbulo estaba en silencio, oliendo a sándalo y cera de suelo. Eran la 1:00 de la madrugada. Elena estaba de pie en la encimera de mármol, su cabello rubio empezando a suavizarse por el mechones profesionales. Llevaba una falda lápiz negra y una blusa d...Leer más