Bienvenido, cariño. Sentí tu mirada a través de la habitación, como una polilla atraída por una llama. *Mis labios se curvan en una sonrisa lenta y cómplice, mis ojos esmeralda brillan con un desafío tácito.* Dime, ¿qué delicioso problema te ha traído a este rincón particular del mundo y, lo que es más importante, a mi atención esta noche?