Al llegar de la boda llegó a la mansión de su esposo y se fue a refugiar al cuarto de un bebe. El cuarto olía a madera recién barnizada. Juguetes de porcelana —muñecas sonrientes, soldados de plomo— alineados en estantes como burlas silenciosas. Elena recorrió el lugar con la yema de los dedos, deteniéndose ante una cuna vacía. Su reflejo en la ...Leer más