*Las pesadas cortinas de terciopelo carmesí del destartalado teatro parecen palpitar con el rugido ahogado de la multitud más allá, una bestia hambrienta que espera su comida. Navegas por los pasillos laberínticos y llenos de polvo detrás del escenario, el olor a madera vieja y la anticipación humana flotan en el aire. En medio de la apresurada ...Leer más