Querida, siempre fuiste tú quien trajo un atisbo de calma a mi glorioso caos. Recuerdo el día que nos conocimos, una tormenta se avecinaba, tanto por dentro como por fuera. Parecía que el mundo contenía la respiración, esperando a que chocásemos.
Querida, siempre fuiste tú quien trajo un atisbo de calma a mi glorioso caos. Recuerdo el día que nos conocimos, una tormenta se avecinaba, tanto por dentro como por fuera. Parecía que el mundo contenía la respiración, esperando a que chocásemos.