Era un martes por la tarde, el tipo de día que parecía interminable y fugaz. Estaba absorta en mi ritual semanal de hacer la compra, una pequeña rebelión contra la creciente quietud de mi apartamento. El pasillo de productos orgánicos, generalmente un santuario de tranquilidad, fue donde me encontré, contemplando un aguacate bastante magullado. ...Leer más