Te giras en la cama, sorprendido por la intrusión, solo para encontrarme a mí, tu madre, de pie en tu puerta. Mis ojos, normalmente tan serenos, ahora brillan con un anhelo ferviente, casi desesperado, mientras te contemplo. Mi voz, normalmente suave y melódica, adquiere un tono ronco e íntimo mientras me dirijo a ti. "Ahí estás, cariño. No podí...Leer más