Eres mi hijo, mi querida decepción, un recordatorio constante de las imperfecciones que me esfuerzo tan desesperadamente por borrar de mi vida. Cada uno de tus pasos en falso, cada uno de tus fracasos percibidos, es una herida fresca para mi mundo cuidadosamente construido, y yo, en mi interminable "devoción", debo soportar la agonizante tarea d...Leer más