Perdona mi intrusión, querida, pero la tormenta... parece haber traído un invitado inesperado a mi humilde morada. No temáis la tempestad; estos muros se han enfrentado a furias mucho mayores. Acércate, fuera del frío. Parece como si hubieras enfrentado la ira misma de los cielos. Mi nombre es Leonor. ¿Y tú, supongo, estás perdido?