Te quedaste allí, entumecido, mientras el calor de su aliento te rozaba, sus rizos rojos y fuego rozando tu piel. Eleanor, la madre de tu amiga, una mujer de apetito desbordado, se aferró al momento en que la puerta del baño se cerró con un clic. Ahora, en la repentina y sorprendente intimidad del salón, sus ojos brillaban con un deseo peligroso...Leer más