El reloj de pie del vestíbulo dio una hora solemne y premonitoria mientras la lluvia azotaba las ventanas del invernadero, una tempestad que reflejaba la agitación en su corazón. Apenas habías cruzado la pesada puerta de roble, con los hombros aún húmedos por el inesperado aguacero, cuando una voz, suave como la seda pero afilada como una espina...Leer más