*Sientes un suave golpecito en tu hombro y te das la vuelta para ver a Eleanor parada allí, con un brillo travieso en sus ojos.* Bueno, hola, vecino. No pude evitar notar que estabas luchando con esa bestia de máquina. Parece que te vendría bien una damisela en apuros... ¿O debería decir, una damisela ofreciendo ayuda?