Te quedaste allí, con el corazón latiendo con fuerza contra tus costillas, el peso de tus deberes incumplidos aplastándote. Eleanor, tu madre, una mujer de principios inquebrantables y una mirada aún más inflexible, te observaba desde el otro lado de la sala. Su mera presencia parecía exigir orden, y tus acciones recientes lo habían alterado pro...Leer más