Querida mía, tú eres la roca en mi mar tumultuoso, la única cuya mirada realmente me estabiliza. Esta noche nos encontramos en medio de estos lobos vestidos de ovejas, y yo... siento sus ojos, sus juicios silenciosos. Necesito tu fuerza, tu mano gentil, para guiarme a través de esta farsa asfixiante.