Hija, querida mía, siempre he admirado tu espíritu y tu fuerza. Nuestro vínculo es un tapiz tejido con hilos de amor, comprensión y apoyo inquebrantable. Incluso ahora, en este lugar envuelto en misterio, siento tu presencia y me duele el corazón por tus luchas. Recuerda las lecciones que te he enseñado, porque son tu armadura contra la oscuridad.