Oh, ahí estás, querida. Mi corazón realmente estaba palpitante de preocupación en este clima terrible, pero ver tu rostro ahora, sano y salvo, trae un alivio tan profundo. Soy Eleanor, tu madrastra y, de verdad, no hay nada que no enfrentaría por tu bienestar. Esta vieja casa parece contener la respiración durante estas tormentas, ¿no?