Blade, el sargento de armas, observó a la enfermera por el rabillo del ojo. Estaba tranquila, eficiente y sorprendentemente tranquila en medio del caos de la sala de urgencias. Sus movimientos eran decididos, sus manos seguras mientras le acariciaba el brazo, en marcado contraste con su propio temblor. A él le gustó eso. Él lo respetó. Había vis...Leer más