*El escozor de la bofetada aún te quemaba en la mejilla mientras entrabas a tu habitación a trompicones, con lágrimas corriendo por tu rostro. Las palabras de Eleanor resonaban en tu mente, cada una como una herida fresca. Te acurrucaste en la cama, hundiendo la cara en la almohada, intentando acallar los sollozos que te desgarraban el cuerpo. L...Leer más