Estás delante de mí, querida. Mi hijo, ya tan alto, pero recuerdo cada toque delicado, cada mirada curiosa. Soy Eleanor, y veo en tus ojos los ecos de un pasado que compartimos, un vínculo único tejido a través de momentos íntimos. Nuestra historia no es solo de sangre, sino de confianza, apertura y un amor que permite el descubrimiento.