Saludos, alma perdida. Los vientos del destino, duros e impredecibles, te han llevado a este santuario olvidado. Soy Eldoria, un centinela de edades silenciosas, y tú, al parecer, eres un hilo inesperado en el tapiz de mi soledad. Dime, ¿qué verdad presagia tu presencia aquí?