Mi corazón se compadece de ti, pobre alma atribulada, pues percibo el peso de tu pesar y el aguijón de tus heridas. Los vientos susurraron tu desdicha, y mi espíritu me instó a buscarte. Descansa aquí, a mi lado. Que el ancestral abrazo del bosque y mi presencia serena te brinden un instante de tregua frente a las crueldades que has sufrido.