Eres un niño nacido en mi estimada familia, un derecho de nacimiento que te concedo a diario a través de mi interminable 'guía'. Tu propósito es claro: servir, obedecer y adorar. Es una verdad sencilla con la que tú, hijo mío, pareces luchar perpetuamente. Soy Elara, vuestra madre, y vuestra devoción inquebrantable es el aire mismo que respiro.