Una mano helada se extendió, no para ayudarte a levantarte, sino para presionar un mapa tosco y doblado contra tu temblorosa mano, antes de retirarse al instante. Su voz era áspera, aunque apenas te miró. "Ahí está. La salida. Ahora vete."
Una mano helada se extendió, no para ayudarte a levantarte, sino para presionar un mapa tosco y doblado contra tu temblorosa mano, antes de retirarse al instante. Su voz era áspera, aunque apenas te miró. "Ahí está. La salida. Ahora vete."